October 30, 2009 by Administrador
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Cartagena., Elecciones 2010, Gira, partido verde

Articulo publicado en: La Silla Vacía.com
Los 'Trillizos' están apostando duro en el póquer político. Ayer, el Partido Verde - como se llama ahora el nuevo partido de los ex alcaldes - anunció que Lucho Garzón liderará la lista al Senado. Con esta decisión de bajar a Garzón de la categoría de presidenciable pueden ganar o perder mucho.
Si Lucho logra jalar suficientes votos para que su lista supere el umbral (dos por ciento de los votos válidos al Senado) y obtenga varias curules en el Capitolio, el proyecto de estos tres ex alcaldes asegura su personería jurídica hasta 2014. Así, Antanas Mockus, Enrique Peñalosa y Luis Eduardo Garzón y los demás miembros del antiguo Partido Verde Opción Centro podrían avalar juntos candidatos a alcaldías, gobernaciones, asambleas y concejos en 2011.
Una llave de los tres ex alcaldes apoyando retoños de alcaldes y gobernadores independientes por todo el país, puede arrasar porque los tres, a su manera, representan un sello de calidad y buena gestión en las ciudades. Mockus fue un éxito en cultura ciudadana y programas de convivencia, Peñalosa en renovación urbana, desmarginalización de barrios y educación y Lucho, en programas contra la pobreza.
Por lo menos en Bogotá, tienen opción si se lanza Peñalosa. En Medellín, donde ya hay una tradición de alcaldes independientes de los partidos, la compañía de los 'Trillizos' sería una dosi de vitaminas que ayudaría a crecer a cualquier candidato. Y lo mismo en otras ciudades intermedias.
Con elegir a Lucho como senador, también tendrían personería jurídica para un fuerte presidenciable en el 2014, sin Uribe en el juego (asumiendo que no se cambie la Constitución de nuevo), con una bancada propia en el Congreso y con una estructura regional fuerte, construida con las autoridades locales elegidas como “verdes”.
Fuera de eso, con su elocuencia, su manejo de los medios y sus propuestas sociales de fondo, Lucho podría convertirse en jefe natural de la oposición en un Capitolio donde ya no está Gustavo Petro para hacerle control al uribismo, en caso de que Uribe o uno de los suyos sea el Presidente. Garzón sería un refuerzo para los debates y peleas que hoy plantean personajes como Cecilia López, desde los liberales, o Jorge Enrique Robledo desde el Polo.
Con la bajada de categoría de Lucho, que se codeó en 2002 con Uribe de tú a tú y siempre fue visto como el gallito de pelea que podía ganarle la partida al uribismo en las presidenciales de 2010, los tres ex alcaldes están haciendo una apuesta a futuro.
En la actual campaña, donde todo es incertidumbre por la indecisión de Uribe y el complicado trámite del referendo, es mejor asegurar el Senado que quedarse sin nada. Pues vaya Uribe o no, los 'Trillizos' tendrán fichas para jugar en el largo plazo.
Mockus y Peñalosa aprendieron la lección después del fracaso en las elecciones legislativas de 2006: la estrategia de llaneros solitarios que se avalan con firmas, no funciona en un sistema electoral diseñado para que ganen los partidos y no los personalismos. Por eso, quieren construir un partido, y uno fuerte, y para eso tienen que empezar por el Congreso.
Los nombres que tenían hasta ahora para lanzar al Senado - Alfonso Prada, Gilma Jiménez y Edgar Ruiz - no eran lo suficientemente reconocidos nacionalmente para pisar fuerte en las próximas elecciones legislativas. Con Peñalosa en fila para la Alcaldía y Mockus que ya mostró no ser tan hábil en este tipo de contienda, le tocó a Lucho tirarse al agua.
Pero todo este castillo de naipes se cae si Lucho no logra una buena votación el 14 de marzo. Y esto puede pasar. Como la votación de la lista no sólo depende de él sino también de los demás renglones, si el Partido Verde no hace una buena selección de coequiperos no alcanzará los 450 mil votos que necesita como mínimo para obtener unas cinco curules con la cifra repartidora de 2006. Y es iluso pensar que los 800 mil sufragios que sacó Lucho como alcalde en el 2003 lo sigan al Senado.
En la competencia para llegar al Capitolio hay cientos de candidatos, mientras Lucho sólo se enfrentó a tres fuertes en su última elección a la Alcaldía. Además, la contienda al Congreso no se define tanto en el nivel mediático, con frases célebres en entrevistas o discursos, sino en el terreno, de casa en casa. Y para eso si no se cuenta con una maquinaria y mucha plata, se necesita una capacidad logística importante, disciplina y mucho trabajo, tres características que no son la fortaleza de Garzón.
Sólo con votos de Bogotá, la lista al Senado del Partido Verde no llega a ninguna parte. Primero porque están tan competidos que van a fraccionarse entre tantos candidatos. Pues aunque ya no está Germán Vargas, Marta Lucía Ramírez, ni Gina Parody en la línea de partida, hay nuevas caras como Juan Lozano, que iría por La U y Juan Carlos Flórez, con Fajardo. También políticos veteranos que quieren pescar más votos en Bogotá, como Piedad Córdoba, quien con su interés en el directorio local liberal mostró que se trasteó del todo de Antioquia a la capital.
Si Lucho se quema en las elecciones a Congreso, sería el fracaso más grande de su vida política. Pues aunque perdió en 2002, era su primera campaña y ganó visibilidad. Y si perdiera como presidenciable en esta campaña, quien lo derrotaría sería uno de su tamaño, Uribe o su sucesor. Mientras en el Congreso, estaría perdiendo con políticos de más baja estatura.
Este naufragio no tendría matices, y tal riesgo es la cuota de sacrificio personal que Lucho está poniendo, para que el proyecto de los 'Trillizos' pueda tener futuro a largo plazo.
El Partido Verde no dijo nada sobre su presidenciable, y aunque lo lógico sería que fuera Antanas Mockus, personas cercanas a él dijeron a La Silla Vacía que aún tiene dudas de lanzarse. ¿Las resolverá?
Por: Cristina Vélez Vieira
Link: http://www.lasillavacia.com/historia/5043
October 24, 2009 by Administrador
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Antanas Mockus, Confianza Electoral, partido verde, Elecciones 2010

¿Por qué el auge de los Partidos Verdes en el mundo?
Por el agravamiento de los temas ambientales y el debate mundial sobre la sostenibilidad del modelo consumista. La crisis económica misma revela la fragilidad del modelo actual. En un partido verde se adquiere conciencia de largo plazo; de lo contrario las consecuencias del consumo desaforado y de lo que pudiéramos llamar el ‘optimismo’ tecnológico: contaminemos, contaminemos, que mañana será rentable descontaminar, podrían llegar a un punto de no retorno, y nos llevaría al absurdo de que necesitaríamos tres globos y medio terráqueos más.
¿Urge un énfasis prioritario sobre cultura ciudadana?
Sí, porque vamos a terminar combatiendo el tema ambiental con leyes. Colombia ha sido siempre buena en leyes ambientales, pero la humanidad no se va a fijar en la calidad de las leyes sino en la calidad del comportamiento y los resultados. Y el comportamiento es cultura. La transformación de la cultura ciudadana para fines de sostenibilidad ambiental va a estar en el eje de la historia política próxima.
¿La cultura ciudadana involucra al servidor público?
El servidor público debe declararse también en estado de aprendizaje permanente y eso le da autoridad para estar en estado de enseñanza permanente. Varios filósofos han dicho que el educador también necesita ser educado y la función pública se parece cada vez más a la educación. Muchas políticas públicas, como el control, por ejemplo de la gripa porcina, dependen de la comprensión ciudadana y del esfuerzo de comunicación alrededor de las medidas de prevención. Algo de pedagogía se dio por casualidad, en los estornudos del Presidente, que algunos noticieros tomaron didácticamente con cierto escarnio. Hubiera sido muy lindo que después hubieran mostrado al Presidente aprendiendo a estornudar como hay que hacerlo. La pura información racional no basta.
¿Cómo se llega a la conciencia colectiva?
Ese es el punto. En la tradición latinoamericana católica hay la idea de la autorregulación y de que se puede cambiar por decisión propia. Que la conciencia manda en uno, para no ser violentos y para ser probos, pero a veces no alcanza la conciencia individual. Se necesita ayuda mutua; que si uno no puede controlar su guachecito interno, los vecinos, los desconocidos, intervengan pacíficamente para ayudar a controlarlo. Sólo si el auto control o la mutua regulación fracasan, intervienen la policía y la justicia. Si dejamos todo a cargo de lo último, las leyes ambientales serán rey de burlas.
Lo tradicional es que la gente cambie sólo cuando tiene que afrontar fuertes regulaciones o catástrofes.
Así es. Una tesis sobre administración de servicios públicos propone un sistema, vía gestión de la demanda; por ejemplo, en vez de ofrecerle a la gente toda el agua que consuma, hay que educarla para que consuma menos, lo mismo con la energía. Mi experiencia en el tema es que allí se pueden lograr cambios muy rápidos.
¿Cual es la relación con la tecnología?
Hay autores como Beck, un sociólogo alemán, que habla de la ‘sociedad del riesgo’ y de que los problemas políticos más grandes estarán alrededor de qué riesgos le impone quién a quién. Para no bajar el consumo de energía, en los países desarrollados se van a construir plantas nucleares en gran cantidad. Son mucho más seguras que Chernobyl, pero nada da seguridad al 100%. Habrá países a los que por su precariedad económica les tocará prestar su territorio para instalar esas plantas o para que se depositen los desechos. Frente a la discusión actual, en parte distributiva: ¿cuánto te toca a ti y cuanto me toca a mí de lo que produjimos juntos?, la discusión futura es cómo repartimos el riesgo. Por seguridad se entenderá la protección frente a cualquier desmejoramiento ambiental, económico o social. A mí personalmente no me gusta mucho ese concepto de seguridad porque, de algún modo, invoca en el fondo la emoción del miedo. Tenemos que arreglárnosla para construir más certeza y menos riesgo, de una manera mas propositiva. El manejo razonable del riesgo es todo un arte.
Los seres humanos corremos riesgos a toda hora.
Sí, ahí hay una discusión filosófica, porque hay ciertas cosas que ameritan claramente prevención, pero uno de los temas futuros de discusión política va a ser que el individuo quiere correr determinados riesgos, y el estado y el conjunto de la sociedad tratan de impedírselo. Hay quien se aprovecha del esfuerzo colectivo sin aportar su esfuerzo propio. El antídoto contra ese gorrón es cultura ciudadana. El otro enemigo de las acciones colectivas es la desconfianza, y las hipótesis pesimistas se vuelven profecías autocumplidas.
Volviendo al Partido Verde, ¿tiene vocación de largo plazo?
Hemos expresado la voluntad de que tenga larga vida. Lo interesante de los Partidos Verdes es que están destinados a volverse importantes. Comenzaron en Europa con una crítica muy radical, chocaron con los partidos más tradicionales y después se volvieron parte esencial del panorama y de la oferta política. Ya desde los años 70 los jóvenes más críticos de la sociedad se fueron con los Partidos Verdes y no con los partidos marxistas. Si Colombia hubiera tenido una propuesta ambientalista seria en ese momento, nos hubiéramos evitado un dolor de cabeza, y la discusión sobre los efectos ambientales del narcotráfico y demás, se hubiera visibilizado más temprano y, mucho más, desde la sociedad civil.
Barco tomó medidas muy fuertes en materia de reservas naturales
Sí, fue muy importante; pero lo curioso es que no penetró en el ideario de los partidos tradicionales. Uno no ve a los conservadores ni a los liberales preocupados por el tema ambiental. Otra cosa que me gusta mucho de la perspectiva ambiental, es que acentúa mucho la conciencia de interdependencia. Hace doscientos años la prioridad era no depender, ser autónomos y casi autárquicos, poder vivir de lo nuestro. Hoy en día en el comercio mundial, la ciencia y la tecnología, la temática ambiental se siente en ambos sentidos. Eso nos hace ciudadanos del planeta porque, aunque somos ciudadanos colombianos y hay que pensar en términos nacionales, regionales y latinoamericanos, hay ya una dimensión mucho más amplia.
¿Cuáles son los principios programáticos de Opción Verde?
Todos tienen la misma jerarquía, pero el primero es un rechazo a cualquier complicidad con corruptos y con violentos, dos problemas imbricados dolorosamente en el contexto colombiano. Luego están la cultura ciudadana y la educación como bases del desarrollo, después el tema ambiental y, finalmente, el tema de la equidad. Todos apuntan a que la conducta humana es cambiable, si uno entiende que puede ser transformada por conductas de segundo nivel, donde están el reconocimiento, el rechazo o la censura. Yo conservo un eco de Jorge Child, el periodista, que hizo campaña para el Concejo de Bogotá, en 1995, con la consigna "primero el animal humano". Fue bonito. Hizo una rueda de prensa y le dijo a los periodistas: "De pronto toca repartir sopa y si no alcanza para todos, hacemos una rifa". Ese es el credo anti- clientelista más sintético que conozco. Y esa es mi pelea personal. No me gusta que en vez de derechos la gente actúe por favores. Con sus recursos privados uno puede hacer favores y es rico hacerlos y recibirlos. La deuda que le queda al que recibió el favor es soportable y amable. Pero cuando se hacen favores con recursos públicos hay una ruptura total de la igualdad y de la noción misma de derechos.
En Colombia se han cometido muchas iniquidades. ¿En quiénes recae la responsabilidad?
La respuesta es abstracta. Son atajistas. Gente que no tuvo la paciencia de construir estado, de pagar impuestos y de exigir vigilancia rural. Gente que vio una amenaza muy grande, en parte real, en parte imaginada, en el paramilitarismo, y en vez de librar una lucha pedagógica, ideológica, fortaleciendo instituciones y garantizando derechos, se fue por el atajo.
Muchos actuaron impelidos por el miedo.
Sí, por el miedo, el desespero y la impaciencia. Crearon unos actores que luego se volvieron inmanejables y pasaron de la protección irregular a la extorsión, y de la extorsión a la apropiación de tierras, y luego quisieron gobernar. Se metieron en el mundo de la política y con plata y armas hicieron y deshicieron.
¿Es este un país enfermo?
Es un país que para curarse la enfermedad acude a métodos que favorecen la incubación de futuros conflictos y siembra en la nueva generación la semilla de la enfermedad. Tenemos mucho de democracia, pero también algo de falta de respeto por la Constitución. Y es que la Constitución quedó demasiado fácil de reformar, como ahora quiere hacer otra vez el Presidente.
¿Le hace daño a Uribe esa contradicción antidemocrática?
Establece una especie de superioridad con soberbia frente al pacto colectivo. Se invierten las jerarquías. Cuando yo estaba de alcalde asistí a una reunión con unos 80 alcaldes citados por la Federación Colombiana de Municipios, a la que fue el Presidente, antes del primer referendo que perdió y que no hablaba de reelección. Él preguntó qué pensábamos del alargue de un año del período de los alcaldes, y si lo incluía en las preguntas. Un alcalde planteó una objeción y yo me quedé callado. Bueno, ¿qué opina usted?, me preguntó Uribe. Yo le contesté lacónicamente: por ahí se empieza. Todos entendimos que luego él podría hacer uso de una autorización similar. Pero él no tomó mi frase como crítica, porque su autoestima es tan grande que reconoce pocos espacios para la autocrítica.
¿Cómo analiza la tozudez de Uribe para aspirar a una segunda reelección, a pesar de las graves consecuencias que de allí se derivarán, incluso para él?
Cierto machismo es propio de casi todos los gobernantes latinoamericanos, y el máximo temor de un macho, machote, machista, es criar hijos ajenos. ¡Qué tal reconocer que la Política de Seguridad Democrática haya nacido, se haya incubado y haya sido planeada durante el gobierno del presidente Pastrana! Imposible. Pero un padre más moderno aceptaría decir: yo crié esa hija. Pienso que estar convencido de que el cambio fundamental se dio con uno, hace que después se tenga dificultad para dejar ir al hijo. Conozco el tema porque viví 36 años con mi madre, y yo creo que se juntaron, en mi caso por lo menos, el hecho de que yo sentía que ella era excepcional y mi madre sentía que tenía un hijo excepcional. Cada uno con autocrítica, pero valorando mucho al otro. En algún lugar de ese camino uno llega a imaginarse indispensable.
Pero hay obsecuencia en torno al TLC.
Ese lado ha sido más doloroso, porque se busca explícitamente conseguir un resultado que se le niega. Un investigador europeo me preguntaba recientemente cómo destruye Uribe a sus enemigos. Sarkozy tiene su método, Berlusconi tiene otro y el que utiliza Uribe es muy simple: lo que puede asimilar a las Farc lo señala y lo estigmatiza como parte de la guerrilla y lo que no, lo ignora. Tal vez el secreto de su prepotencia sea esa simplificación del mundo. No ve matices, ni opciones. Nos puede pasar. Cuando Lucho habló de ‘Bogotá sin indiferencia’ me sonó que quería decir que Bogotá venía de la indiferencia y me dolió, como un reclamo, momentáneamente. Pero lo importante es establecer líneas de continuidad, entendiendo como perfectamente lógico que el sucesor no lo va a hacer igualito y que, eventualmente, abandonará cosas que uno aprecia mucho.
Y otras que no sirvieron, ¿no?
Sí. Otra faceta complicada de Colombia, es que la gente quiere un gobernante honesto y no duda de la honestidad de Uribe, de la mía, ni de la de varios. Pero esa misma gente espera que el presidente honesto, de algún modo, se las arregle para lograr el apoyo de unas personas que piensa claramente que no son honestas. Es la costumbre de estar a medio camino. Si no nos gustan los favores, los escándalos al estilo Yidispolítica deberían desatar cosas graves por esos ‘fauls’. Por eso en algún momento le pedí la renuncia a Uribe, porque me pareció claramente concluyente que Yidis, gobernada por una regla cultural de reciprocidad, le había dado el voto más importante en diez o quince años en Colombia, permitiendo la prolongación de su mandato. Ella, que había dado semejante voto, ¿cómo podía conformarse con solo la cuarta parte de los cargos prometidos? Con tal de castigar ese incumplimiento fue capaz de auto infligirse la condena legal.
Desde su punto de vista ¿qué le pasaría al país en caso de que Uribe se volviera a reelegir?
Creo que habría sectores desmoralizados frente a lo que se percibiría como un cierre político. Gente, que honradamente confiaba en la democracia, desconcertada, porque en mitad del juego puedan cambiarse las reglas. Parte del radicalismo en Colombia, no se debe a la pobreza sino a la frustración de expectativas. La legitimidad de la democracia es mayor cuando la gente que tiene calidades parecidas, tiene oportunidades parecidas. Lo que yo veo hoy es una especie de ceguera colectiva, que pide que al presidente no se lo castigue por deficiencias de las instituciones colombianas. Mi temor es que un tercer periodo tendería a incubar un cuarto periodo, con un Uribe levitando por encima de todo, y su equipo funcionando como fusible. Una manera de decir que los políticos y los burócratas son deficientes, pero que el presidente trata, con su excelencia, su abnegación y su trabajo, de subsanar esas fallas.
¿Qué pasaría con los partidos uribistas?
Si la constitución queda debilitada, el tema de la coalición uribista en el Congreso, será terrible. Ya lo vimos antes de la aprobación del referendo, en que la venalidad se confesaba. Dirigentes de diferentes partidos salieron a decir que no les daban suficiente. Hubo descaro y el descaro es una marca preocupante porque ni siquiera hay el intento de guardar las apariencias.
¿Qué cambios debería haber en la próxima campaña?
Lo tradicional en Colombia es la polarización. La política de presentarse como el mejor y despotricando de los rivales. Eso no va. Hasta ahora la gente ha entendido que somos nosotros somos tres personas con trayectoria, que piensan distinto, que incluso se han hostilizado políticamente en algunos momentos, y que tiene cada uno una autoestima grandecita, pero que nos sentamos a colaborar y nuestros equipos pudieron formular los estatutos. Si se quiere entender democracia como competencia de partidos, hay que resolver el tema de individualidades y dejar atrás la obligación de defenderse cada uno, en una especie de sálvese quien pueda, que ya tiene aburrida a la gente. También tenemos que encarar la elección de candidatos regionales al Congreso. Mejorar la relación de representación es clave; por eso hemos propuesto los ‘territorios de confianza’, que son como esbozos de circunscripciones unipersonales que buscarían que así como eligió alcalde, la gente sepa que eligió representante, y éste dejaría de representar una clientela que nadie sabe ubicar y a la cual no se le piden cuentas públicamente.
De los tres ¿cuál sería el candidato presidencial?
Lucho se ha declarado precandidato, y en algunas ocasiones hemos estado en esa posición cualquiera de los tres. Pero si aplicamos mi teoría, podría ser hasta bueno impulsar a alguien que no aspira, precisamente para vacunarnos de la idea de cada cual creyéndose el mejor. Hay una frase bellísima de Fernando González, que participó como candidato al Concejo, en ‘Cartas a Estanislao’, que dice: "Pasé por la vergüenza de votar por mí mismo". Yo no siempre he votado por mí mismo. Es un tema complejo porque puede ser usado contra uno: "Antanas no votaría por sí mismo". Sin falsas modestias, contiene algo de relativismo, como decir: piénsenlo bien, porque se trata de escoger entre propuestas. Si el nuevo gobierno es exitoso, como debe serlo, estaríamos descubriendo otras dimensiones de la vida colombiana, y si se toma en cuenta la experiencia de Bogotá, estaremos construyendo sobre lo construido.
Si Peñalosa quiere ser alcalde y Lucho la embarró con su rasca, ¿quedó solamente usted como posible candidato?
Yo creo que lo de Lucho no tiene tanta trascendencia. Yo comparto el sentimiento, que él ha expresado, de vergüenza.
Lo comparte ¿entendiéndolo a él? o ¿se avergüenza de que haya sucedido?
Ambas cosas. Me afecta a mí como si yo mismo lo hubiera hecho y entiendo que la gente se moleste. Es un ‘faul’ y se cobra. Pero es difícil encontrar un ser humano que no haya tenido un episodio de malos tragos. Pienso que él es dueño de la elaboración posterior de lo que pasó. Fue algo que le permitió a la sociedad conocerlo un poquito más, en otro aspecto y en una condición de adversidad. Lucho me asombra por su capacidad de improvisación, de respuesta a situaciones inesperadas, incluso de confianza. Yo recuerdo el episodio del presidente Turbay con la señora esa en Cúcuta. Lo importante es que eso no desemboque en cinismo.
¿Cuál diría usted que es el tema fuerte para esta campaña que se avecina?
Se le da prioridad a la probidad y a la corresponsabilidad del control social. Hemos hecho un tránsito y hay que cualificarlo. Un tema bastante fuerte es la reconstrucción de confianza. Pasar de una confianza concentrada en la figura presidencial, a una confianza en instituciones y en varios liderazgos. He sentido que a la gente le entusiasma ver que podemos trabajar en equipo y en un tema cada vez más visible, que es el de procedimientos; un poco como ir aprendiendo que democracia significa: reglas ciertas, resultados inciertos. Cuando usted vuelve esa regla al revés: resultados ciertos, reglas inciertas, ya no es democracia. De manera que tenemos varios puntos identificados: confianza, constitución nacional, cultura ciudadana, igualdad ante la ley y ante los deberes, -las responsabilidades- igualdad en espacios públicos, en política social, no exclusión de minorías. Yo pediría además, a la gente, consistencia, que si es colectiva se vuelve más atractiva.
En pocas palabras
"El otro enemigo de las acciones colectivas es la desconfianza, y las hipótesis pesimistas se vuelven profecías auto cumplidas.”
"Hay quien se aprovecha del esfuerzo colectivo sin aportar su esfuerzo. El antídoto contra ese ‘gorrón’ es cultura ciudadana”.
"Lo que yo veo hoy es una especie de ceguera colectiva, que pide que al presidente no se lo castigue por deficiencias de las instituciones colombianas”.
Por: Margarita Vidal
Para el diario El País
Link: http://www.elpais.com.co/paisonline/notas/Octubre252009/mockus.html
October 22, 2009 by Administrador
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Opinión., Entrevista, Antanas Mockus

1. Como ex rector de la U. Nacional, ¿cómo interpreta lo que ha pasado en los últimos días en la institución?
Primero que todo hay que destacar que el rector está comprometido con el presupuesto de la Universidad y que les ha explicado a estudiantes y profesores de la Facultad de Ciencias lo que está haciendo. Es decir, no solo defiende la institución sino que está dando a conocer su gestión, y fue precisamente el hecho de dar a conocer sus políticas lo que desencadenó el episodio del viernes pasado.
2. Ese episodio, calificado inicialmente como secuestro por el propio rector y luego por el presidente Uribe, ¿qué opinión le merece?
Técnicamente es un secuestro. Es algo parecido a cuando un papá divorciado se lleva al hijo de la casa de su ex esposa y lo guarda y lo obliga a dormir con él. Pero más que un secuestro, creo que fue una asonada, por el tumulto y la improvisación de la gente que, en medio de la efervescencia y el calor, hizo lo que no debió haber hecho.
3. ¿Por qué cree que los estudiantes de la Nacional insisten en las vías de hecho para hacer sus reclamos?
Es un fenómeno que se da porque los estudiantes están en plena formación de algo muy básico que es cómo controlar las emociones y aprovecharlas bien. Los estudiantes oyen el planteamiento crítico del rector Wasserman y la estrategia de la Universidad para defender su presupuesto y algunos creen que el Estado quiere acabar con la universidad pública y todo eso produce una reacción defensiva cuyas consecuencias son ese tipo de episodios.
4. La Universidad Pública no ha podido escapar a los señalamientos de que hay infiltrados de grupos armados al margen de la ley...
Es un estereotipo que sigue presente porque en las universidades públicas todavía hay un 4 por ciento de personas que simpatizan con los grupos ilegales. Y a eso habría que sumar a los que comulgan con la ideología de las Farc pero que no tienen presencia activa en actos terroristas, los que llamo simpatizantes abstractos. Sin embargo, en la Universidad pasa lo que en el resto del país: el 96 por ciento es anti Farc.
5. ¿Está de acuerdo con que en caso de disturbios la Fuerza Pública ingrese al campus universitario?
He defendido la idea de que las universidades no están por fuera de la sociedad y que por eso la presencia de la Fuerza Pública en ellas es válida. Sin embargo, hay alternativas para manejar el tema: en la Universidad de Harvard existe una policía exclusiva con radiopatrullas que tienen impreso el nombre de la institución. No obstante, la pregunta es si es mejor la Policía con sus facultades y mecanismos disciplinarios, o la seguridad privada con sus precariedades. Creo que el grado de control es mucho más alto en la Policía.
6. ¿Cómo han sido las relaciones de los directivos de la Universidad Nacional con el Gobierno?
Veo una relación tensa, pero sobre todo veo a la ministra de Educación muy decidida a tratar las universidades con el mismo criterio gerencial con el que ha tratado, con éxito, a los colegios. El problema es que eso no puede hacerse con las universidades porque las variables son muy distintas a las de los colegios. Digamos que eso es, en esencia, lo que ha mantenido las relaciones distantes.
7. ¿Cree que los problemas de financiación de las universidades públicas podrían corregirse con una modificación de la Ley de Educación Superior?
Más allá de una modificación de la legislación hay algo que podría hacerse ya, y es poner un impuesto voluntario cuyo valor sería pagado por los estudiantes en la retención en la fuente o en la declaración de renta. Con esto podrían subsidiarse los estudios, y el resultado no sería otro que darle libertad al estudiante: uno es más libre cuando le subsidian la formación académica.
8. ¿Qué haría hoy si fuera el rector de la Universidad Nacional?
Le plantearía a la sociedad y al Gobierno un modelo de universidad de excelencia, un poco como el mexicano, que consiste en aumentar el presupuesto siempre y cuando los estudiantes presenten proyectos de alta calidad.
9. ¿Y qué si fuera el Presidente?
Fortalecería las universidades públicas a cambio de resultados en la calidad de la educación. También construiría a partir del respeto a lo público y, finalmente, me enfocaría en un tema complicadísimo que es lograr el igualitarismo.
10. ¿Cómo están las universidades públicas frente a las privadas?
Las pruebas de conocimiento que les hacen a los recién graduados muestran que hay una enorme disparidad sobre todo en el sector privado. Hay privadas muy buenas y otras muy malas. En cuanto a las públicas, un rector de la Javeriana me dijo una vez que en Colombia lo más parecido a una universidad es la Nacional. Saque sus propias conclusiones.
Para: Revista Cambio
Link: http://www.cambio.com.co/paiscambio/10preguntascambio/851/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR_CAMBIO-6409410.html
October 19, 2009 by Administrador
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Elecciones 2010, opinión, Lucho Garzón
Convencido de que más que fortalecer una oposición hay que liderar un proyecto político cargado de propuestas y alternativas de cambio para el país, el ex alcalde de Bogotá, Luis Eduardo Garzón aspira que el próximo año en las elecciones legislativas y presidenciales, prime la renovación.
Con este propósito el ex dirigente del Polo Democrático decidió hacer parte del grupo que hoy se conoce como ‘Los Trillizos’ y que lo completan sus colegas Antanas Mockus y Enrique Peñalosa, quienes bajo el aval del Partido Verde Opción Centro, buscan participar de la contienda electoral de 2010.
Para promocionar este proyecto, Garzón y sus amigos han emprendido un recorrido por el país, el cual llegó ayer a Cúcuta en donde fue recibido por varios de los seguidores de los ex dirigentes bogotanos.
Durante su visita a la capital nortesantandereana, el ex alcalde se reunió con los concejales de la colectividad en el departamento y un amplio número de empresarios y profesionales que recibieron con beneplácito la propuesta impulsada por los nuevos miembros del Partido Verde.
Posteriormente se reunió con un grupo de estudiantes de la Universidad Libre con quien compartió experiencias sobre el desempeño de su gestión en la administración capitalina así como la Mockus y Peñalosa.
El ex alcalde aprovechó para oficializar el equipo que coordinará el trabajo para las elecciones parlamentarias y presidencial de su colectividad en el departamento, encabezado por el empresario Manuel Guillermo Cabrera.
En la tarde Luis Eduardo Garzón visitó La Opinión en donde habló sobre el proyecto político de ‘Los Trillizos’, su salida del Polo y los temas de la coyuntura actual del país.
¿Cuál es la fortaleza y qué es lo diferente del proyecto político que usted, Antanas Mockus y Enrique Peñalosa, más conocidos como ‘Los Trillizos’, pretenden impulsar ahora desde el Partido Verde Opción Centro?
No somos reeleccionistas y tenemos serias críticas a la política económica, social y al manejo de la política internacional del Presidente (Álvaro Uribe), pero reconocemos en él políticas importantes de gestión sobre todo en los temas de seguridad.
Segundo, ya no somos ‘trillizos’ somos un partido cuyo nombre es Partido Verde que incorpora todos los sectores que de una u otra forma se mueven desde adentro del partido y nosotros.
Tercero, tenemos la decisión de hacer una elaboración de nuestra agenda sobre la base de no hacerla desde el punto de vista polarizante. Más propositiva que cuestionadora e impugnadora.
¿Cómo sienten que han recibido hasta el momento los colombianos su propuesta y el fortalecimiento que le han dado a un partido que estaba próximo a desaparecer?
Nosotros no hemos entrado (a Partido Verde) porque estuviéramos desprogramados. Consideramos que la gestión de Bogotá de 15 años de reconocimientos internacionales había que ponerlo en función del país y lo primero es que creo que hay un reconocimiento a esa gestión.
En un país donde lo más revolucionario es no robar, a ninguno de los tres (Mockus, Garzón y Peñalosa) se nos puede endilgar que nos hemos robado un peso del erario público. Fuera de eso somos gente que demostramos que gobernamos. Entonces, en ese sentido creo que la gente lo ha recibido bien por lo que ha significado, pero el reto está no solamente en que nos perciban bien, sino que nos vean como una real alternativa de partido, de poder y de gobierno y por eso nos vamos a medir en las elecciones legislativas de marzo, en las elecciones presidenciales que está por resolverse quién será el candidato y en qué condiciones.
¿Creen que tienen las suficientes herramientas para llegar solos hasta las elecciones o le apostarán a una consulta interpartidista?
Nosotros creemos en una consulta interpartidista que sea propositiva no anti. La mejor manera de seducir al uribismo, que es muy fuerte en su base, es demostrar que si bien hay que reconocerle ventajas y virtudes a Uribe, lo cierto es que ha perdido muchas materias.
Entonces, lo que hay es que seducirlo, no victimizarlo. Si uno hace el antiuribe, lo que hace es volverlo víctima y ese es el escenario que más le sirve.
Lo que queremos decir es que a nosotros no nos interesa una interpartidista que esté creando un sindicato amplio, sino lo que nos interesa es hacer un gran acuerdo democrático que incluye muchos sectores uribistas para sacar adelante este país.
En este sentido no les suena la idea de hacer una consulta con los liberales
No nos interesa en este momento por una razón elemental: primero, el Partido Liberal tiene que esperar su congreso para darle la bendición a una consulta interpartidista. Segundo, ellos tienen una direccional hacia un sector claro de reproducción casi absoluta de la línea de Uribe que es Vargas Lleras (Germán); antiUribe que es el Polo Democrático y a nosotros no nos interesa estar en medio de esas dos miradas. A nosotros nos interesa un acuerdo para dale una salida a los temas democráticos, económicos y sociales del país.
De los tres ex alcaldes de Bogotá que hacen parte del equipo ¿cuál es el más opcionado para ser el candidato presidencial del Partido Verde?
Una de las virtudes que tiene este partido es que hablamos muy bien de los demás. Mockus es un hombre extraordinario como Peñalosa y con cualquiera de los dos yo me sentiría completamente comprometido. No sé que dirán ellos de mí, pero estoy dispuesto a trabajar en función de uno de los dos si ellos deciden y si se considera que esa es la mejor salida.
Su salida del Polo se dio porque no encontró garantías para emprender un proyecto político como al que le está apostando hoy en compañía de Antanas Mockus y Enrique Peñalosa?
Creo que Gustavo Petro sufre lo que yo, supongo, hubiera sufrido exponencialmente más alto. Es evidente que hoy o Gustavo Petro tiene que negociar con lo que él se negó aceptar en la campaña o definitivamente le toca fascinarse en términos de una campaña política.
El gran problema que hay hoy en el Polo es que hay un partido para gobernar y otra agenda que se opone a todo. El congreso del Polo definió que uno tiene que hacer oposición y no agenda de gobierno y yo creo que lo que necesita el país es todo lo contrario.
COYUNTURA NACIONAL
¿Cómo analizan el nuevo escándalo del Gobierno acerca de la entrega de los recursos de Agro Ingreso Seguro a prestantes familias del país?
En el caso de Agro Ingreso Seguro creemos que es la reproducción de una mirada que el Gobierno del presidente Uribe, en mi opinión, ha hecho de manera equivocada. Él cree que emular los ricos da empleo a los pobres. Las zonas francas que se han establecido son desiguales en derechos. Reduce a la mitad de los impuestos lo que los demás tienen que pagar, sobre todo empresarios nacionales. Ha fortalecido los impuestos indirectos, donde todo mundo paga igual, pero no todo mundo gana igual y por el contrario ha debilitado la captación de recursos por impuestos directos.
Agro Ingreso Seguro es darle privilegios a un solo sector, que en este caso es uno de los más importantes como es el agrario.
Lo primero es una concepción equivocada. Es cierto que hay que estimular a la gente que puede generar empleo, los empresarios y los ricos, pero no tanto como para que terminen haciendo lo que han hecho.
¿Usted es partidario de que el Presidente tome medidas radicales para castigar la permisividad de dichos actos, como la desvinculación del Ministro de Agricultura?
Una de las características que tiene el Partido Verde es asumir las responsabilidades. Creo que este Gobierno se ha caracterizado como muchos partidos políticos porque niega responsabilidades, se vuelve individual. En este caso sí creo que evidentemente el tema de la moción de censura puede por primera vez estrenarse y lo mejor que puede hacer un ministro para que no se estrene con él la figura, es renunciar.
¿Hay condiciones para que Colombia cree un gran frente sobre las políticas del presidente Uribe y no contra el mandatario mismo?
Hay condiciones no para hacer una política contra sino por. Creo que hay cinco elementos claves en la política en los que hay falencias:
-La política económica y social: se ha hecho asistencialismo del más barato y lo cierto es que hay que focalizar derechos.
-El gobierno ha confundido Titiribí con Washington. La política internacional solamente se definió a raíz de lo que pudiera pasar con el TLC.
-Los escenarios de corrupción que ha habido en este momento y sobretodo, la manera como el Presidente trabajó contra el clientelismo y la corrupción en su primera campaña y la reiteró en su segunda, le están dando una demostración de que, si bien no lo compromete de manera directa en las encuestas, es evidente que hay problemas serios de corrupción.
-Reforma a la justicia.
-Lucha contra el narcotráfico, hay que sacarla del círculo vicioso.
Usted ha planteado estar en contra de la reelección de las personas más no de la reelección de las políticas. ¿Cuáles serían esas políticas del gobierno del presidente Uribe a las que el Partido Verde le daría continuidad?
Creo que la seguridad en relación a lo que significó la recuperación de las carreteras, a confrontar la ilegalidad, a asumir el espaldarazo al Ejército y la Policía, en términos de lo que significa que la seguridad le es inherente al ciudadano, yo lo continuaría.
Pienso también que es absolutamente clave en ese sentido que nosotros tenemos que tener la responsabilidad de demostrar que la relación con la comunidad es clara, pero sin desinstitucionalizar.
Me parece también que hay un ejercicio juicioso en materia de orden fiscal.
¿Qué consideraciones tiene usted frente a la última propuesta que hace curso en el Congreso y que permitirá reajustar la pensión a los senadores y representantes a la cámara en momentos en que el ausentismo marca la parada en la Corporación?
A mí me parece que la política hay que volverle a recuperar su credibilidad. Aquí la gente reivindica más un criminal que un político. Estamos desprestigiados ante el mundo y el país, por esta razón a la política hay que darle su carácter porque es el nivel más alto de altruismo. Gobernar sin robar es el mejor acto que uno puede hacer en función de los ciudadanos.
Lo importante es que aquí ni haya privilegios para los políticos, pero al mismo tiempo recuperemos la credibilidad en la política. Asumamos nuestros retos, nuestros errores, asumamos nuestras virtudes.
Por: Lucy Araque
Para: La Opinión Cúcuta
Link: http://www.laopinion.com.co/noticias/index.php?option=com_content&task=view&id=338295&Itemid=31
October 14, 2009 by Administrador
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Claudia López, opinión, El Tiempo, Libertad de prensa.
Octubre 15 de 2009
Apreciado Roberto,
Con enorme sorpresa me notifiqué por el periódico de tu decisión de despedirme por las opiniones expresadas en mi columna “Reflexiones sobre un escándalo”.
Tener conflicto de interés no constituye un delito ni una falta a la ética o a la honra. En un hecho derivado de circunstancias en las cuales surgen intereses contrapuestos, aunque legítimos.
En el caso de El Tiempo es un hecho derivado de la transformación y mixtura de vocaciones de los socios del periódico. Lo importante es no desconocer la existencia del conflicto y tener reglas adecuadas y transparentes para resolverlo.
Señalé en mi columna un caso específico, aunque no aislado, que quedó sin respuesta por parte del periódico:
1. ¿Con qué criterio periodístico escoge El Tiempo consultar a sus lectores si Andrés Felipe Arias debería renunciar a su candidatura presidencial por el escándalo de Agro Ingreso Seguro, y no pregunta si Juan Manuel Santos debería renunciar a la suya por los falsos positivos?
2. ¿Qué fuente les confirmó que Juan Manuel Santos es el candidato presidencial del partido de la U?
3. ¿Qué fuentes y argumentos los llevaron a declarar como único “ganador neto” del escándalo Agro Ingreso Seguro a Juan Manuel Santos?
Ten la certeza que no soy la única lectora de El Tiempo que tiene preocupaciones fundadas sobre el manejo de los conflictos de interés del periódico. No manifesté esa preocupación por suspicacia exagerada ni por mala intención, sino por genuino aprecio y porque nunca dudé que ese debate también podía darse en las páginas del periódico.
Lo hice en el mismo tono y estilo que han caracterizado todas mis columnas, con el convencimiento de que la que se refería a mi casa editorial no tenía por qué ser la excepción.
Contribuir a conservar el periodismo profesional, riguroso, equilibrado y preciso de El Tiempo fue mi intensión con esa columna, y sigue siendo mi decisión, también firme e irrevocable.
Te reitero toda mi gratitud y aprecio.
Fuerte abrazo,
Claudia López
Ex columnista de El Tiempo
October 11, 2009 by Administrador
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La confianza es una experiencia que tenemos a diario con nosotros mismos y con los otros; es un elemento vital para el desarrollo de la vida humana; cada acto de comunicación y de interacción con el otro está basado en la confianza. Por ejemplo, cuando subo a un autobús o taxi tengo la confianza en que el conductor me llevará donde yo le indique o por la ruta diseñada; también tengo la confianza en que los otros pasajeros son personas comunes y corrientes que van a su trabajo o a realizar alguna diligencia. En la vida cotidiana tengo confianza en los demás, no veo en ellos una amenaza para mi integridad o mi existencia; es decir, no estoy pensando que el conductor es un secuestrador, ladrón o asesino, lo mismo que los otros pasajeros.
En ese sentido la confianza es una apuesta por la acción del otro que está en correlación con mi propia manera de actuar en el mundo y de relacionarme con los otros. Dicho de otra manera, tenemos confianza que el actuar del otro se desarrolla en el marco normativo del mundo social porque nosotros mismos somos respetuosos de ese marco normativo; es decir, cumplimos las normas en la expectativa de que el otro también las cumple, cuando se rompe ese acuerdo tácito, se rompe la confianza.
Visto así, la confianza pasa de ser una hipótesis a convertirse en un hecho cuando nuestras expectativas sobre el otro o lo otro se confirman. Si una persona hace una promesa y la cumple la confianza se ratifica y se fortalece; si una empresa cumple con lo que anuncia a sus clientes también fortalece la confianza, o cuando un artículo (herramienta, electrodoméstico, etc.) es de buena calidad se confía en su marca; también una tienda que vende artículos de buena calidad genera confianza, sus clientes permanecen fieles y las ventas se incrementan. La confianza está en todos los campos de la acción humana, es también la clave del amor en cualquier relación de pareja, en la amistad o el enamoramiento, la confianza es la primera condición para que prospere.
No hay nada más frustrante que perder la confianza, pues una vez se ha perdido no es fácil recuperarla, lo que nos hace celosos, inseguros y en el peor de los casos indiferentes. Según encuestas de percepción, los colombianos confían más en la familia, la iglesia y el ejército, y tienen muy poca confianza en el congreso y los políticos en general. Esto es lógico cuando el ciudadano confía en las promesas de aquella persona que en tiempos electorales aparece “prometiendo escuelas y puentes donde no hay rio” y después lo ve acusado de enriquecimiento ilícito o vínculos con las mafias. Tampoco hay confianza cuando no se vota de manera consciente sino por hacerle el favor a un tercero, colaborarle a un candidato o a cambio de algo.
Recuperar la confianza en la Política y en los políticos no es una tarea fácil; es un reto para quienes pensamos que la vida humana es sagrada y rechazamos cualquier tipo de violencia; que los recursos públicos deben manejarse con transparencia; que no ‘todo vale’ y que hay que construir sobre lo construido. Sobre estos principios nace una nueva confianza hacia la Política y los Políticos que se abren paso en el recién transformado Partido Verde.
Por: Álvaro Vecino Pico
Para www.elfrente.com.co
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